Delegando

 

Delegar no es una tarea fácil, pero tal y como decía el cofundador del gigante Amway Corporation, Jay Van Andel, o delegas o te estancas. La visión de este empresario estadounidense, como la de muchas otras personalidades, era que la única forma de avanzar en cualquier negocio es seguir delegando. Pero, ¿qué se entiende por delegar? Según la RAEdelegar significa “dar la jurisdicción que tiene por su dignidad u oficio a otra persona, para que haga sus veces o para conferirle su representación”. Dicho de un modo más claro, este verbo nombra la acción de encomendar algo a otra persona.

Delegar permite poder avanzar porque hay tareas que otros pueden hacer por nosotros. Esto resulta más sencillo si uno dispone de recursos económicos ya que puede contratar a otros, pero en la medida de las posibilidades de cada uno siempre hay cuestiones que se pueden delegar de alguna manera.

Asimismo, delegar no sólo es bueno, sino que es necesario para el incremento de la productividad, pues dejar que otros hagan lo que tú ibas a hacer permite tener un mejor enfoque, ganando tiempo para dedicarse y centrarse en otro tipo de proyectos más nutritivos para quien delega. 

Para llevar a cabo una buena estrategia de delegación, es importante dar datos precisos sobre lo que se quiere y pretende hacer a quien vaya a tomar las riendas del asunto delegado, pues la comunicación es la clave de todo este proceso. 

Además, si se establecen sistemas, se pueden minimizar los riesgos y actuar ante situaciones de emergencia. Por ello, no hay que olvidar las cuatro fases de la delegación eficiente: “yo hago, tú miras”, “yo hago, tú haces”, “yo miro, tú haces”, “yo no miro, tú haces”, así como tener en cuenta un punto muy importante como es el de la revisión periódica de las tareas delegadas. Así, si vemos que algo ha cambiado, podemos repetir las cuatro fases.

Entiendo que, en un determinado punto, se pueda llegar a pensar que todo es delegable, pero no es así. Delegables son aspectos como las tareas, las decisiones, el tiempo y la confianza, sin embargo, nunca la responsabilidad. Esta no se delega, se comparte. Pues la persona que delega es y seguirá siendo siempre la responsable de los resultados de su gente.

Quizá no os suene ni de lejos quién es Tim Ferris ni mucho menos el concepto de la “semana laboral de 4 horas”. Yo tampoco lo conocía hasta hace unas pocas semanas. Este multifacético escritor es conocido por su gran conocimiento en oratoria motivacional y en concreto, por su obra literaria La semana laboral de 4 horas, la cual se ha traducido a 35 idiomas y ha llegado a alcanzar el primer lugar en ventas.

En este libro, Ferris da a conocer formas de redistribuir el tiempo para que, de esta manera, se pueda tener una vida tranquila. Asimismo, explica cómo él mismo pasó de ganar 80.000 dólares al año trabajando 80 horas a la semana, a ganar la misma cantidad, pero trabajando solo 4 horas por semana. ¿Cómo? Delegando. 

Una de las pautas esenciales que recomienda en este ejemplar es delegar algunas actividades. Al igual que ocurre con el principio de ParetoPara explicar cómo sacarle el mayor partido al tiempo, Ferris utiliza la Ley de Pareto, un principio que establece que el 20% del esfuerzo destinado a una tarea genera un 80% de los resultados. Esto significa que fuera de esta proporción, es decir, en ese otro 80% de esfuerzo, estamos despilfarrando recursos y energía. Por lo tanto, conviene centrarse únicamente en ese 20% más productivo, ya que a medio/largo plazo va a ser mucho más rentable. Esta ley es aplicable a muchos aspectos de la vida y sirve para priorizar tareas a la hora de delegar.

Ya os he dado las claves, estrategias y recursos suficientes para llevar a cabo una eficaz y buena delegación. Todo son ventajas: optimizáis el tiempo y conseguís explotar al máximo vuestro rendimiento. ¿Qué más se puede pedir? Ahora toca pasar a la acción. Ya sabéis.