The marshmallow challenge
Hace un par de semanas
jugué a un juego. ¿Conoces el marshmallow challenge? Este se trata de formar
una estructura lo más alta posible a partir de espaguetis y marshmallows. Yo lo
hice en un grupo de cuatro personas (contando conmigo) y éramos cinco equipos
rivales. Todos empezamos desde la misma altura y tuvimos unos veinte minutos
para realizar una estructura que permaneciera erguida sin ayuda hasta que se
midiera su longitud. Dicho juego fomenta el trabajo en equipo, la colaboración,
planificación y, sobre todo, la creatividad.
Como bien he comentado en entradas anteriores, existen 9 roles de equipo que puedes adoptar. Estos fueron acuñados por el investigador Dr. Meredith Belbin, quien desarrolló la teoría de los roles de equipos basada en atributos comunes de comportamiento. Según su modelo, los roles se dividen en “roles de acción”, “roles mentales” y “roles sociales” con el fin de lograr el equilibrio en los equipos y aumentar la productividad. Estos son:
- Roles sociales: cohesionador, coordinador e investigador de recursos.
- Roles mentales: cerebro, especialista y monitor evaluador.
- Roles de acción: impulsor, finalizador e implementador.
Aquí estuvieron
presentes todos los roles de equipo de cada miembro, y se tuvieron que poner en
marcha. En este “proyecto” en el que tan solo se dispone de unos minutos y cuatro
cabezas pensantes, es muy importante la cooperación. Por lo tanto, el rol
principal que considero imprescindible en este tipo de juegos es el del impulsor,
puesto que son quienes encuentran rápidamente una solución ante cualquier
problema que pueda surgir. Es cierto que es muy importante tomar la iniciativa
y tener una gran capacidad de creatividad para que el trabajo salga adelante,
no obstante, si este no lo hace por algún motivo, hay que ser resolutivos y
buscar una alternativa lo antes posible.
Del mismo modo, pienso que los roles sociales (además del cerebro) juegan un papel fundamental para asegurar un buen resultado final, pues su capacidad de motivación, comunicación y adaptación hacen que el proceso sea más sencillo de lo que parece.
En mi caso y
como muchas otras veces, adopté el rol de “implementador”, pues apoyaba las
ideas de mis compañeros y mantenía el orden en el ambiente de trabajo.
Asimismo, aplicaba cualquier propuesta consensuada por el grupo con iniciativa
y me encargaba de que las ideas llegasen a buen puerto.
Sabíamos cómo
empezar, pero no fue hasta la mitad del proceso cuando comenzamos a visualizar
el producto final. En el momento en que tuvimos el resultado claro, nos pusimos
a ello, y por suerte, sin ningún conflicto entre nosotros. La comunicación fue
estupenda, pues trabajamos con disciplina, escuchando las ideas de todos y
aplicando las que nos parecían más acertadas. Además, el compañerismo estaba
presente todo el tiempo y si algo se torcía y no salía como queríamos,
actuábamos con respeto y cordialidad, poniendo soluciones rápidas y eficaces.
Asimismo, las
opiniones e ideas fluyeron muy rápido. Cada uno puso sobre la mesa una
propuesta sobre cómo llegar al punto más alto y entre todos la consensuábamos,
es decir, estábamos en el mismo nivel y fue un juego sin líderes, aspecto a
tener en cuenta puesto que el líder suele ser la figura clave del éxito.
Esto se trata de una prueba para saber cómo trabajas en equipo. De una estupenda prueba en la que tienes que poner en práctica tu rol. Y es que las relaciones sociales también constan de un reto como este para posteriormente reflexionar sobre cómo te comportas en sociedad y cuál es tu papel en ella. No hay roles mejores ni peores, estos se diferencian al mismo tiempo que se complementan, igual que nosotros. Cada persona es un mundo y ahí está el misterio. Sino qué aburrido.
